La Colmena

Una teoría. Una realidad observada. Un cuento, no es.

Las personas que van por la calle con su mochila y el móvil sacado, se las distingue a la legua. Unos son de verdad, si se distraen más se tropiezan, se caen, chocan con algo, .. van metidas en la pantalla. Pero los otros no. Son los perpetradores. Hay varios puntos clave por los que son detectados.

La cuestión es, ¿cómo es que salen tan rápido a la calle? En algunas ocasiones, van hablando con alguien, en una conversación que parece real, pero van diciendo vainas de tí. En otras, sí parecen tener una conversación real. Sea como fuere, hay una gran diferencia entre que vayan sin hablar con nadie y que vayan hablando con alguien.

El teléfono móvil. Todos tenemos uno. Partamos de esa base. Tiene antenas. Para la wifi. Para el bluetooth. Para el 3G(4G/5G. Nos rodean cerca torres de antenas.

Cuando salgo a la calle es como si recibieran una alarma todos los que estan en un rango de x metros. Como si desde mi posición se dibujase un círculo que fuese marcando todos los dispositivos móviles de los perpetradores. Y saliesen pitando. Sus pintas no dan para más. En chandal, sin arreglar. Una mujer incluso en bata. Es más que obvio. ¿Para qué salen? Porque si tras la alarma en su móvil no se mueven, no van a ver un duro. Incluso puede que dejen de ganar ese dinero. Y solo tienen que salir a la calle y seguir a un tipo con una mochila y un móvil y hacer no sé.

La app que llevan activa en su móvil debe encargarse de todo.

Mientras yo sigo recibiendo la tortura electrónica sobre mí en la cabeza, tras la rodilla izquierda mientras ando por las calles del pueblo.

No se trata de si uno está sicótico con el tema. Porque hay algunos de ellos que llevan hasta dos móviles, uno como si estuviera hablando sin hablar con nadie. Y otro en su brazo extendido, paralelo al suelo, con la antena apuntando donde voy a pasar yo, con la pantalla hacia mí, encendida. “¿Pa qué tantos?”… “A este no le quitan su sobre”. Otros que te siguen. A la vuelta de la esquina te giras. Les ves la cara y dados unos pasos te vuelves a girar y los tienes de nuevo detrás. No, es realidad contrastada por las propias acciones en la calle de l@s perpetrador@s. Otra que te sale al paso en la ida hasta correos y que aparece coincidentemente en la vuelta justo en correos. ¡Tres! También yo me arriesgué a girarme y girarme. Y en realidad, fueron cuatro. Las demás personas con las que me cruce, eran transeuntes. No mostraron la iniciativa que estas personas mostraron por ir en mi dirección, por registrar de alguna forma extraña.

¿Se conocerían entre ellos? Da igual. Lo que sí me pareció llamativo, dada la tecnología al uso y como fueron apareciendo y desapareciendo es que algo, de pronto, les hizo dar un salto de sus casas y ponerse a perseguir.

Realizan varios puntos perpetradores importantes. Primero, molestar. Hacer que me sienta molesto cuando voy libremente por la calle. Ellos te miran. Te miran y sonríen con una sonrisa como evilesca. O ni te miran. Si pierdes el control porque ese día estás muy estresado y llevas muchos años siendo torturado, nunca ayudado por los estamentos sociales, pierdes para siempre. Y ganan ellos, para siempre. Ya podrán hacer contigo cuanto les de la gana. No son palabras mía. Son leídas infinidad de veces.

No te lo crees hasta que te toca. Pero cuando te toca, es imposible. No te lo quieres creer. Solo que no deja de suceder. Nunca paran.

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